Comenzaré
por recalcar algunas ideas que Guillermo Jaim Etcheverry expuso en el III Congreso de Educación
organizado por el Polo Educativo Pilar en Buenos Aires sobre cómo enseñar en la
sociedad actual y que me resultan interesantes para reflexionar.
Todos pretendemos ser los amigos
canosos de nuestros alumnos, pero pocos estamos dispuestos a asumir la
responsabilidad que implica ser padres y docentes.
La tarea de enseñar supone un diálogo
entre alguien que quiere transmitir algo y alguien que quiere recibirlo.
Estamos perdiendo de vista la función central
de la educación: la de darle a cada uno la dimensión de sus posibilidades, a
través de la educación cada uno de nosotros aprende aquello de lo que es capaz
de hacer. La de otorgarles las herramientas intelectuales que le permitan
ser más personas. Y el ser más personas está vinculado con sus capacidades para
enfrentar la complejidad del mundo y de los otros seres humanos. El
conocimiento como expansión de las personas, la educación es un fin en sí
mismo, no es un medio para lo que le va a servir. La educación sirve para ser
personas más completas, más complejas y con mayor capacidad de reflexión ante
la realidad.
Ir a la escuela es un trabajo, que
requiere del esfuerzo personal.
Si uno escuchara a hablar bien por la
radio y la televisión se realizaría una revolución educativa gigante porque la
vida de las personas tiene que ver con la palabra. Mucha de la violencia
actual se debe a esta imposibilidad de comunicación con el otro, cuando se
acaban las palabra se pasa a los hechos.
La mejor tecnología que se inventó es
el contacto con las personas, y esta tecnología no se debe perder.
Tal vez en lugar de saber qué pasa en el África central sería mejor conversar
con el niñito que tienen al lado y al que tal vez jamás le hablaron. La
tecnología es ideal para el que sabe qué busca, pero es un divertimento
distractor para el que no sabe qué busca.
Pasemos ahora
a hablar sobre LOS VALORES,
concretamente sobre los valores en que vivimos en la sociedad.
Desde mi punto de vista pienso que vivimos en una
sociedad caracterizada más por los valores negativos que por los positivos.
Nuestro acelerado ritmo de vida nos impide pararnos a pensar en los demás y nos
hace preocuparnos solo por nosotros mismos. Poca gente tiene tiempo de
reflexionar sobre los problemas de la sociedad y prestar su ayuda. Quizás en
estos momentos de crisis esta minoría esté aumentando al verse en situaciones
de precariedad. La política del consumismo también nos vuelve más egoístas y
competitivos al luchar por tener más que los demás. Esto conlleva a guiarnos
por un lema: “mientras más tienes más vales” y a preocuparnos solo por nuestro
aspecto físico en lugar de por nuestra formación moral. En definitiva, vivimos
en una sociedad individualista y materialista a la que le cuesta mirar más allá
de sí misma.
Cabe decir que los medios de comunicación también
juegan un papel muy importante en la construcción de los valores sociales ya
que casi todo el mundo tiene acceso a ellos y la gran mayoría pasa gran parte
del tiempo frente a ellos. Esto ocurre cada vez a más a temprana edad lo que
supone un riesgo para la formación de los niños. Las personas mayores cuando
ven la televisión, escuchan la radio, consultan internet o leen el periódico ya
han adquirido unos valores anteriormente y poseen una formación que les hace
recapacitar y cuestionar lo que están viendo, escuchando o leyendo. Los niños
en cambio están en proceso de formación y de adquisición de valores por lo que
es necesario que alguien les haga recapacitar sobre lo que están observando. Lo
ideal sería que las personas dejáramos de pasar tanto rato frente a una
pantalla para relacionarnos más con los demás y no permitir que los medios de
comunicación nos influyan demasiado.
Para seguir reflexionando sobre cómo educar en
valores y cambiar el individualismo y la competitividad imperantes en nuestra
sociedad, os dejo algunas frases extraídas del artículo de Diana Patricia Palacio Posada Educar en valores es preparar para la vida.
Al niño hay
que educarlo desde que nace y continuar su formación a lo largo de toda su
niñez, pues desde el momento del nacimiento está receptivo para inculcarle
ciertos valores que lo formarán para la vida.
Los valores
son las normas de conducta y actitudes
para un buen comportamiento. Hay valores fundamentales que todas las
personas deben asumir para poder convivir unos con otros, por lo que es imperativo
tenerlos siempre presentes y cumplirlos sin perjudicar a nadie.
Los adultos
pueden intentar enseñar ciertos valores con discursos, pero si sus hechos no
son consecuentes con sus palabras los niños “escucharán” su comportamiento y
aprenderán algo muy distinto a lo que pretenden esos adultos cercanos.
El
aprendizaje de unos valores va llevando al aprendizaje de otros, en razón de su
interdependencia.

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