martes, 6 de mayo de 2014

EQUIPO 7 PROYECTO: LA EVALUACIÓN EDUCATIVA: APROXIMACIÓN CONCEPTUAL

LA PIZARRA MÁGICA: UNA VISIÓN DIFERENTE DE LA HISTORIA DE LA EDUCACIÓN.
 (JOSÉ FRANCISCO GUERRERO LÓPEZ Y RAFAEL PÉREZ GALÁN)

CAPÍTULO 4: DE CENICIENTA A ESTRELLA, LA EVOLUCIÓN DE LA EVALUACIÓN (Juan José Monedero Moya) “PÁG 55-63”

Un mal profesor puede pasar todo un trimestre sin dejar absolutamente nada memorable en las mentes de sus alumnos, y aquí yace el momento en el que el alumnado se ve obligado a preguntarse cada día qué es aprender en realidad.

EN ESPAÑA

En la década de los sesenta un maestro de escuela se extrañaría al escuchar la palabra evaluación, sin embargo, hoy se evalúa todo.

Los jóvenes de hoy saben que antes de ayer hubo nubes negras en nuestra historia de la educación, pero por suerte, más adelante se trasplantó un novedoso modelo de ver y entender la educación del país. Importaron desde los Estados Unidos todo un prototipo pedagógico.

En 1970 nos encontramos con la ley del señor Villa Palasí, en la que aparece en germen del concepto mágico educativo, haciendo su entrada en el escenario de la evaluación.

Nos encontramos con la evaluación como un concepto en el que desconfiar, y para entender mejor esta desconfianza, podemos observar lo expresado siete años más tarde  por De la Orden en el Prólogo a la edición española de la Evaluación de los aprendizajes de Lafourcade: “Entre todas las innovaciones técnico-pedagógicas aportadas por la reforma educativa española, hoy en marcha, ninguna ha despertado mayor interés, mezcla de zozobra, inquietud y esperanza, entre profesores, estudiantes y familias, que la sustitución del tradicional sistema de exámenes por el nuevo modelo de control denominado: EVALUACIÓN CONTINUA”.

La evaluación continua, pero también inicial y la evaluación final.

Si la evaluación final equivale a exámenes finales, que era lo que hasta el momento había, entonces ¿evaluación inicial sería?…La conclusión fue una lógica aplastante. Había que hacer exámenes al principio, durante todo el curso y al final.  Para reforzar esta idea las editoriales educativas, hicieron textos personales para cada alumno, intransferibles a cualquier otro chico, incluso inválido para el mismo niño si tenía la desgracia de repetir el curso.

Otra palabra mágica de la magna reforma: control, que equivale a examen.

EVALUACIÓNàCONTROLàEXAMENàCALIFICACIÓN

Ahora las calificaciones tampoco son las notas de siempre, se destierran adjetivos tales como suspenso, aprobado, notable o sobresaliente. De la noche a la mañana se habla de muy deficiente, insuficiente, suficiente, bien, notable y sobresaliente. Más adelante se elimina la escala de muy deficiente.

Como afirma Miguel Fernández Pérez en su obra “Evaluación escolar y cambio educativo: fracaso escolar” desde 1970, año en el que legalmente se incorporó el término a nuestro sistema educativo.

Desgraciadamente, como ocurre con toda reforma cualitativa que no cuida la preparación del profesorado que ha de aplicar la reforma en sus aulas, al cabo de más de diez años de práctica, teóricamente de la “nueva” evaluación, los docentes reconocen sinceramente que la diferencia real entre lo que hacían antes y lo que tienen que hacer ahora es meramente cuantitativa, no de calidad.

Se han cambiado las palabras que se utilizan para evaluar el rendimiento de los alumnos, se ha cambiado la frecuencia de las evaluaciones, pero el juicio evaluativo sigue idéntico.

Pero la evaluación no se quedará ahí, más adelante vendrán otras reformas y contrarreformas. Ahora se evaluará todos los componentes curriculares por separado, incluso se evaluará a la propia evaluación: METAEVALUACIÓN.

EVALUAR= Perfeccionar la enseñanza.

Queda ya lejos el viejo concepto de evaluación como constatación de un cierto nivel de aprendizaje en el alumno. Es necesario no evaluar solo conocimientos, sino también habilidades y actitudes. Es necesario conocer las características de los procesos y no solo de los resultados. Por otro lado, la evaluación ha de abarcar además la tarea del profesor. Solo de esta manera será posible tomar medidas que puedan contribuir al perfeccionamiento de la enseñanza.

Realmente hemos avanzado muy poco. El carácter formativo,  informativo y orientador de la evaluación si es que alguna vez lo tuvo, se ha perdido. Los instrumentos de evaluación que se utilizan para evaluar el rendimiento académico de los estudiantes, además suelen ser el fruto de la imprevisión y del tanteo por parte del docente que el resultado científico y pedagógico de la investigación educativa. Los exámenes suelen ser los únicos instrumentos de medida y valoración. Ante tamaña falta de imaginación docente frecuentemente se usan como alternativa los trabajos monográficos grupales o individuales que son incluso peores instrumentos que aquello.

Muy frecuentemente se confunden evaluación y exámenes o de un modo más específico con la evaluación del alumno, principalmente.

FUERA DE ESPAÑA

Cómo Se desarrolló la evaluación en los Estados Unidos de Norteamérica para comprender mejor los efectos antes señalados sobre nuestra cultura pedagógica. Durante el primer tercio del siglo XX  se va perfeccionando el concepto de currículum.

Durante esta etapa, lo que hoy entendemos como evaluación, estaba estrechamente unida al desarrollo de la psicometría.

Más adelante aparecerá un evaluador, Tyler que definió la evaluación como el contraste entre los objetivos previstos y los realmente alcanzados.

No había un consenso sobre el qué y cómo evaluar. Se originaron múltiples modelos y el lenguaje particular de cada evaluador hacía que fueran denominados conceptos idénticos con palabras diversas. En definitiva, resultó ser una época de una gran fecundidad en la que cobraron una gran importancia los nuevos aportes conceptuales y metodológicos. Aunque no dejó de representar un campo confuso.

Todo marchó así hasta que los conservadores llegan al poder. Muy especialmente Ronald Reagan. Se obtiene dinero recortando de la educación, salud pública y sanidad principalmente.

Ahora evaluar representa estar en una profesión en declive. Igual que  antes afloraron, desaparecen. Sólo van quedando unos pocos: los auténticos profesionales de la evaluación.

Durante unos años la comunidad científica se muestra claramente dividida entre defensores de los nuevos modelos y los que siguen apostando por la evaluación cuantitativa.

No es el método lo que define los problemas a tener en cuenta, antes bien son los problemas quienes definen los métodos necesarios a seguir.

MONEDERO MOYA, J. J.: BASES TEÓRICAS DE LA EVALUACIÓN EDUCATIVA. ALJIBE, MÁLAGA. 1998.

CAPÍTULO 1

Dentro de nuestra cultura educativa, el término evaluación aparece por primera vez de forma generalizada con la promulgación de la Ley General de Educación de 1970. Desde entonces su concepción se ha ido haciendo cada vez más compleja y provocando un mayor grado de confusión, gradualmente, con su extensión a los diferentes ámbitos de la enseñanza.

Como afirma Forns: “El concepto de evaluación es muy amplio. Se puede evaluar desde el propio sistema educativo hasta cada una de las facetas intervinientes en el proceso de educación”.

A diferencia de lo que ocurre en los Estados Unidos de Norteamérica y el Reino Unido, que poseen diferentes vocablos muy específicos según el ámbito en el que se desarrolle, el modo de llevarla a cabo o la finalidad con la que se emplea; nosotros solo poseemos un único término para describir la evaluación educativa. Si bien, son muchos los conceptos que están relacionados con esta expresión: apreciación, calificación, decisión, estimación, exámenes, indicadores, información, investigación educativa, juicio, medición, responsabilidad, tasación, valoración, etc.

- Apreciación: Para algunos autores es sinónimo de evaluación. De hecho hay un tipo de evaluación  que se conoce como tasación, y que se refiere directamente a lo que se entiende por “evaluación de los alumnos”. Otra idea muy cercana es la de estimación, que denota el aprecio y valor que se da y en que se tasa o considera una cosa. Pero para nosotros la evaluación es un concepto mucho más amplio.

- Decisión: Consideramos que la evaluación es una parte de la toma de decisiones, que las envuelve en todos sus aspectos y contribuye a su correcto desarrollo, mejorando los procesos y programas; pero son procesos plenamente diferenciados e independientes. Toda decisión, en cuanto proceso que es, puede descomponerse en una serie de elementos: situación incierta o problemática, información sobre las causas, alternativas para resolver, selección de alternativas, elección y ejecución de la alternativa seleccionada, evaluación del proceso y de las consecuencias (feedback).

- Indicadores: Son instrumentos al servicio de la propia evaluación educativa, medidores indirectos –de sistemas o factores- que en su conjunto nos dan idea del estado de un objeto.

- Información: Es una de las partes esenciales que conforman la evaluación. Sin ella no es posible evaluar. Pero el solo hecho de disponer de los datos no implica ningún proceso de evaluación. Los informes deben ser eminentemente descriptivos y para garantizar su credibilidad deben ir acompañados de las pistas de revisión pertinentes tales que le permitan al lector juzgar sobre los mismos. Para muchos autores la información debe ser lo más objetiva posible, por lo cual, incluso, se pueden configurar datos obtenidos a través de métodos cuantitativos con los conseguidos mediantes investigaciones cuantitativas.

- Investigación educativa: Hay tres rasgos fundamentales que caracterizan, fundamentan y diferencian tanto a la evaluación como a la investigación educativas.

En primer lugar, el objetivo de cualquier investigación radica en conseguir conclusiones veraces sobre el problema o tema de su estudio; la evaluación persigue facilitar la toma de decisiones sobre el objeto evaluado.

Por otro lado, mientras la evaluación educativa no pretende extender sus hallazgos a otros contextos, la investigación aspira a una generalización de los mismos.

En última instancia, mientras que la investigación pretende concluir con afirmaciones sobre las que se prueban la verdad de los hallazgos alcanzados, la evaluación concluye informando sobre el valor de los mismos.

También habría que añadir que una característica natural de la evaluación es el comprometerse con las situaciones para perfeccionarlas.  

- Juicio y reflexión: Aunque el juicio y la evaluación si están bien fundamentados son el resultado de deducciones lógicas, el primero no exige ninguna acción, en tanto que el segundo se hace además de para conocer el valor del objeto evaluado, para tomar decisiones sobre dicho objeto, exigiendo la correspondiente intervención o para modificarlo o para suprimirlo. También se concibe la evaluación como un proceso de reflexión sobre la propia acción con la finalidad de mejorarla.

- Medición: mientras que medir es determinar el grado en el que un objeto contiene una característica o atributo específico; la evaluación determina el grado en que ese objeto posee un valor. Según Livas habría que resaltar que “la medición siempre es una propiedad y nunca la cosa o persona que la posee”.

Taba aclara que “la medición es solo una parte de la evaluación que se refiere al proceso de obtener una representación cuantificada de cierta característica, tal como ciertos tipos de rendimiento o aptitudes escolásticas. El proceso de medición es fundamentalmente descriptivo, en tanto como indica mediante una cantidad el grado en el cual posee una determinada característica”.

Otros autores opinan que la medición es una parte sustancial de la evaluación, a la que sirve de base.

Para algunos autores la diferencia central radica que en tanto que el resultado de la medición es un dato, la evaluación implica además la comparación con un entramado “más o menos heterogéneo, de datos ideales interrelacionados dentro de un conjunto de cálculos relacionados” mediante los que se constata su adecuación  o inadecuación respecto de un fin. De este modo coincide con la idea de Lafourcade para quien “la evaluación es una interpretación de una medida (o medidas) en relación a una norma ya establecida”.

- Valoración: Entraña la parte final de la evaluación, la referida a la explicitación del valor intrínseco o extrínseco de los objetos. Desde este ángulo la valoración sería más la estimación de la virtud que una ayuda para facilitar la toma de decisiones.

Wheeler relaciona los conceptos de “medición”, “valoración” y “evaluación” del siguiente modo: “La evaluación, por tanto, implica emitir un juicio con respecto a ciertos criterios. “Valoración” será el término que designe el proceso de investigar el nivel de un determinado grupo, normalmente en relación con las conductas esperadas. Se trata, por lo tanto, de un término general que incluye el más restringido de “mediación”, el cual implica un cierto tipo de escala en la que los individuos se ordenan de acuerdo con lo que saben o pueden hacer”

Para algunos autores, la disparidad entre la valoración y la evaluación es tan amplia que sitúan ambos conceptos en dos polos opuestos. En este sentido, se diferencia de valorar, que es el juicio de valor que una persona –subjetivamente- atribuye a una cosa.     

- Exámenes: pruebas de lápiz y papel, o de ejecución o desempeño, que se les proponen a los alumnos para que den respuesta a una serie de cuestiones, generalmente sobre contenidos o destrezas, y a través de las cuales se extrae información sobre su nivel de conocimientos o habilidades con vistas a la evaluación. Según Perrenoud: “los exámenes sirven, al menos teóricamente y de derecho, a esa clásica función social de selección, pero al mismo tiempo, inevitablemente, “marcan”, como función que es realizada por un sistema llamado educativo, al sistema mismo, dotándole de características y rasgos de los que carecería si no realizase aquella función”. Los exámenes solo representan una muestra del dominio que pretenden medir. A pesar de tener grandes inconvenientes técnicos y psicológicos, muy difíciles de solventar, se emplean profusamente, llegando a ser los instrumentos reyes de la evaluación de los alumnos.

- Calificación: Para muchos, en especial para los alumnos, con la expresión de los resultados de la evaluación, llegando a hacer sinónimos todos estos conceptos. Popham los diferencia y critica, porque aunque antes de calificar el profesor ha de valorar, esa valoración no se hace con respecto a los procesos educativos en sí mismos, sino sobre el propio alumno como persona.

Para otros, son una medida y, consecuentemente, solo se relacionan con la evaluación en tanto en cuanto proporcionan información.

Según Carreño lo más común entre los profesores es utilizar la evaluación con el propósito exclusivo de constatar los aprendizajes de sus alumnos para emitir calificaciones que son “el monto o volumen de lo aprendido”. Confundiendo la evaluación con la realización de pruebas, la aplicación de exámenes  que no son otra cosa que una medición del rendimiento escolar.

Contrariamente, Livas opina que el fin de la evaluación está en poder calificar al alumno, ya que la calificación es un informe “oficial que resume el rendimiento escolar”.

Pidgeon y Yates consideran que una vez que se han obtenido a través de exámenes u otras pruebas las calificaciones y puntuaciones, éstas aún no son útiles para el profesor hasta que no se analice debidamente su distribución.

Farré y Gol  expresan cómo debe de transmitirse la información a los padres, teniendo en cuenta la totalidad de los trabajos de los alumnos para que éstos puedan verlos, analizarlos y compararlos con los de los demás. No les parece adecuado “dar” notas y con estas diferencias distinguen entre evaluación y calificación.

- Evaluación: Algunos entienden por evaluación algo muy simple: “evaluar significa establecer una comparación entre lo deseado y lo realizado” (Alfaro). O este otro concepto de la misma autora: “evaluar es comparar lo que nos proponemos en los objetivos con lo que hemos sido capaces de realizar”.

Para otros, algo más complejo: “la palabra evaluación nos induce inmediatamente a pensar en la posibilidad de efectuar cierto número de estimaciones cuantitativas y cualitativas acerca del valor, la importancia o la incidencia de determinados objetos, personas o hechos” (Forns).

Según Adams, la auténtica evaluación la formarían “los juicios estimativos que se formulan, o pueden formularse conscientemente siguiendo criterios bien definidos. Por lo general, estos juicios requieren una comprensión adecuada del problema y un cierto análisis que sirva de base al juicio”.

De la Orden concibe la evaluación como “un medio que permite observar y describir con mayor precisión los aspectos cuantitativos y cualitativos de la estructura, el proceso y el producto de la educación. Su finalidad es facilitar una predicción y un control lo más exacto posible del proceso educativo”.

Stanley, Glock y Wardeberg definen la evaluación como “un proceso en el que un maestro suele emplear información derivada de muchos orígenes para formular un juicio de valor”.

Noizet y Caverni, De Ketele y Coll opinan que la evaluación se identificaría con la emisión de juicios en función de unos criterios previos para facilitar la toma de decisiones sobre objetos situaciones o fenómenos.
Livas la define como “un proceso que consiste en obtener información sistemática y objetiva acerca de un fenómeno y en interpretar dicha información a fin de seleccionar entre distintas alternativas de elección”.

Taba la describe como “un proceso intrincado y complejo que comienza con la formulación de objetivos, que involucra decisiones sobre los medios para asegurar la evidencia de su cumplimiento, los procesos de interpretación para llegar al significado de esta evidencia y los juicios sobre las seguridades y las deficiencias de los estudiantes y que finaliza con las decisiones acerca de los cambios y las mejoras que necesitan el currículum y la enseñanza”. 

Para Carreño evaluar “significa ponderar los resultados obtenidos de la actividad que conjunta a profesores y alumnos en cuanto al logro de los objetivos de la educación”. O también: “el conjunto de operaciones que tienen por objeto determinar y valorar los logros alcanzados por los alumnos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, con respecto a los objetivos planteados en los programas de estudio”.

Lafourcade entiende la evaluación “como una etapa del proceso educacional que tiene por fin comprobar de modo sistemático en qué medida se han logrado los resultados previstos en los objetivos que se hubieran especificado con antelación”.

Desde otras ópticas, ahora muy en boga en nuestro país, de la mano de las reformas educativas, el proceso de evaluación se entiende de un modo global, referida no solo a los alumnos o al profesor, sino también al aula, al centro educativo e incluso a la propia administración”.

También Serrano et alius nos ofrecen una visión holística de la evaluación definiéndola como el “único medio de describir y hacer comprensivos fenómenos contextuales, generados, paralelos o marginales en los diversos niveles del sistema educativo implantado”.

Esta concepción de la evaluación exige un compromiso por parte de los implicados en el desarrollo de los programas educativos, estimulando un debate crítico sobre los mismos y sobre su desarrollo. Como consecuencia del mismo, la evaluación se convierte en un proceso de investigación en el aula y de perfeccionamiento curricular y profesional.     



CAPÍTULO 2

Para Forns, la evaluación diagnóstica se refiere a la que hacen los profesores para conocer cuál es el estado de conocimiento que tienen sus nuevos alumnos.

Farré y Gol, dicen que la evaluación diagnóstica se hace cada vez que se introducen un nuevo tema o concepto. Se trata de informarnos sobre el nivel de los alumnos y de saber qué saben sobre ese tema concreto. Proponen dos fases diferentes en su aplicación. Una oral y otra de manipulación.
Hilba y Taba, justifica la existencia de ese tipo se evaluación en la necesidad de determinar qué conocimientos previo sobre materias específicas posee un alumno, su nivel conceptual o qué capacidades podrá manejar.

Podríamos concluir admitiendo que el objetivo de la evaluación inicial es describirnos el nivel de conocimientos, destrezas o habilidades que poseen los alumnos, sobre determinados aprendizajes p antes de iniciar un programa, con el objeto de realizar las adaptaciones curriculares necesarias.

EVALUACIÓN DIAGNÓSTICA

Taba dice que el diagnóstico es el primer paso de la evaluación, ya que establece puntos de referencias acerca de la situación inicial de los estudiantes.

Para Carreño, la evaluación diagnóstica la define como aquella forma mediante la cual juzgamos de antemano lo que ocurrirá durante el hecho educativo o después de él.

Su finalidad está en realizar una buena planificación, evitando pasos erróneos o innecesarios.

Esta forma de evaluar también está íntimamente relacionada con la orientación y con la selección profesional del personal. Se tratará de adivinar cuál será la persona más capacitada, a partir de un determinado perfil profesional, para el desempeño de un puesto de trabajo de acuerdo con las características personales de los individuos que aspiren a él, sus intereses.

Algunos críticos a este tipo de evaluación diagnóstica aplicada a la selección profesional de los individuos, aseguran que los seleccionadores se comportan como auténticos profetas que jamás se equivocan.

EVALUACIÓN CONTINUA Y EVALUACIÓN FORMATIVA

Por evaluación continua, entendemos una modalidad de evaluación formal, sistemática e integrada en, y durante, los procesos de enseñanza- aprendizaje.

La evaluación continua utiliza las exposiciones, las explicaciones de conceptos por parte de los estudiantes, composiciones, y también cualquier tipo de trabajo que permita evaluar y reflejar el trabajo realizado por los estudiantes.

El triple objetivo de la evaluación formativa enumerado por Forns, se encuadra plenamente dentro de este ámbito conductista: a determinar el nivel del logro del alumno respecto al objetivo, indicar las principales dificultades de los alumnos en la consecución de los aprendizajes propuestos e informar al maestro acerca de la eficacia de su programa en relación al nivel de sus alumnos. Ofrece lo que sería la óptica constructivista, más preocupada por conocer el nivel de organización del individuo y aplicar los procedimientos metodológicos que les permita movilizar su actividad hasta conseguir niveles de organización superiores.

EVALUACIÓN FINAL Y EVALUACIÓN SUMATIVA

Por evaluación final se puede entender la última de las evaluaciones a las que son sometidos los alumnos tras un curso o programa de enseñanza, o aquella evaluación que, al final de un periodo de aprendizaje, integra y recopila a todas las demás.

Carreño se refiere a ella como: la forma mediante la cual medimos y juzgamos el aprendizaje con el fin de certificarlo, asignar calificaciones, determinar promociones, etc. Su finalidad estaría en reflejar el grado en que se han conseguido los objetivos del curso o tema correspondiente a través de una nota o calificación.

Para los estudiantes la evaluación final sí que es muy importante, tal vez la más relevante de todas, y la pueden vivir como un juicio final bíblico, a pequeña escala.

EVALUACIÓN FORMAL VERSUS EVALUACIÓN INFORMAL

Aquella que se hace con carácter sistemático, fundamentada en una planificación e integrada dentro del curriculum es la que denominamos “formal”.

AUTOEVALUACIÓN VERSUS HETEROEVALUACIÓN

La evaluación que realiza un alumno, o profesor, sobre su propio trabajo o actividad, sus conocimientos o habilidades, o sobre los cambios acaecidos en sí mismo, es la autoevaluación.

Además, la autoevaluación permite corregir determinados sesgos introducidos por los propios instrumentos de valoración, o por los que se deben a las expectativas creadas por el mismo evaluador.

Cuando la autoevaluación la realiza el profesor, entra a formar parte de un proceso de reflexión sobre su propia práctica docente con la intención de mejorarla.

La autoevaluación también puede ser colectiva o grupal.

La heteroevaluación es la evaluación realizada por una o más personas acerca de otra persona, grupo, actividad, resultado, etc. Más objetiva que la anterior por cuanto el evaluador está situado en una posición más distante del objeto de evaluación, lo que le confiere otra perspectiva.

EVALUACIÓN INDIVIDUAL VERSUS EVALUACIÓN GRUPAL O COLECTIVA

Entendemos por la primera aquella que se hace sobre un estudiante, o un profesor.

La evaluación individual según Taba, propone como más adecuado para la evaluación del progreso individual la utilización de un diseño de pre- y postest. Considera que mientras que esta evaluación apunta hacia la condición del sujeto, la referida a estándares lo hace hacia un límite superior e aprendizaje o una distribución desde la cual puede ser determinada una situación relativa.

La evaluación grupal, o colectiva, refiere a la acción de evaluar estos mismos aspectos en el ámbito de un equipo de trabajo o de una clase. Frecuentemente se lleva a cabo con referencia a normas.

También se puede entender por evaluación grupal la realizada por el equipo docente sobre un grupo de alumnos, o uno solo de ellos.

EVALUAÓN CUANTITATIVA VERSUS EVALUACIÓN CUALITATIVA

La evaluación cuantitativa, representa la opción positivista de la ciencia. Sus datos generalmente son el fruto de mediciones numéricas a partir de las cuales se pueden verificar hipótesis. Por el contrario, la evaluación cualitativa no maneja ese tipo de datos no de análisis. Trata de construir y describir la realidad a través de un lenguaje sencillo, como el utilizado en la prensa periódica. Se realiza a base de juicio de valor sobre los datos y evidencias extraídos de la realidad evaluada.

Parlett y Hamilton consideran que este nuevo enfoque tiene por finalidad la comprensión holística de la realidad.

EVALUACIÓN POR NORMAS VERSUS E VALUACIÓN POR CRITERIOS

La distinción entre la evaluación basada en normas y la basada en criterios se debe a Glasser, que concretaba las diferencias entre ambas en la interpretación que se hace sobre los datos.

Cuando el rendimiento de cada estudiante individualmente es interpretado, comparándolo con el de todos sus compañeros como grupo, estamos ante una evaluación basada en normas.

La información extraída de los resultados de este tipo de evaluación es bastante pobre ya que no nos indica, en absoluto, lo que el alumno ha aprendido, sino sólo en qué posición está el respeto de los demás de su grupo.

La evaluación basada en criterios, posee un fuerte carácter tecnológico, como podemos apreciar en la descripción que sobre ella nos ofrece Careño: consiste en medir y enjuiciar el rendimiento de cada alumno, considerado en términos de objetivos logrados, comparándolo con el volumen total de objetivos especificados para el curso o la porción de curso que se esté examinando, dejando a un lado, para efectos de contratación, los resultados del resto del grupo.

Esos objetivos especificados representan lo que el alumnado debe saber hacer.

INDICADORES

Siguiendo a Serrano et alius, los indicadores se utilizan como instrumentos que ofrecen información, sobre el estado de un sistema social, y de tales que permitan modificar la tendencia por ellos acusada.

El concepto de indicador, en sí mismo, es un parámetro, indica la medida indirecta de sólo un aspecto o dimensión de un sistema complejo, ya que sólo informa del grado o nivel adquirido por un factor en concreto, pero cuando puede establecerse un sistema de indicadores diversos podemos inferir propiedades para cada uno de dichos sistemas.

El indicador siguiendo a Nuttall, funciona como el piloto de la temperatura de nuestros coches.

Para Tiana, los indicadores deberían permitir valorar qué se esconde detrás de fenómenos muy complejos y poder tomar decisiones.

Para Nuttall son tres aspectos los que interactúan en la elección de los mismos: políticos, científicos -técnicos y prácticos.

Sin embargo, ya han surgido las primeras voces críticas ante este desarrollo de los indicadores de rendimiento. Así, Brick y Hermanson, nos advierten del peligro reduccionista de sacrificar la crítica de los fines y significados de la educación en pro de una mayor eficacia en su medición, ignorando los aspectos humanos, sin valor numérico y sin que puedan ser medidos.

No hemos de olvidar la influencia de la política económica en el diseño de este instrumento.


LA EVALUACIÓN: UN PROCESO DE DIÁLOGO, COMPRENSIÓN Y MEJORA

MIGUEL ÁNGEL SANTOS GUERRA

En este trabajo se propone una evaluación democrática y centrada en los procesos, al servicio de los usuarios y no del poder, basada en el diálogo y en la negociación entre los evaluadores y los evaluados.

La evaluación educativa es un fenómeno habitualmente circunscrito al aula, referido a los alumnos y limitado al control de los conocimientos adquiridos a través de pruebas de diverso tipo. Planteada de forma negativa, realizada en malas condiciones y utilizada de forma jerárquica, la evaluación permite saber pocas cosas de cómo se produce el aprendizaje y, pocas veces, sirve para mejorar la práctica de los profesores y, desde luego, el contexto y el funcionamiento de las escuelas.

La confusión semántica que se esconde bajo el concepto de aparentemente unívoco de evaluación es muy grande. Se habla de evaluación refiriéndose a procesos de carácter comparativo aplicado a mediciones de resultados, se llama evaluación a fenómenos de rendimiento de cuentas impuestos por la autoridad, se denomina evaluación al análisis diagnóstico realizado mediante instrumentos que permiten cuantificar los datos, se habla de evaluación cuando se realiza la comprobación del aprendizaje de los alumnos.

El autor plantea una evaluación que presenta las siguientes características:
- Independiente y por ello comprometida.
- Cualitativa y no meramente cuantificable.
- Práctica y no meramente especulativa.
- Democrática y no autocrática.
- Procesual, no meramente final.
- Participativa, no mecanicista.
- Colegiada, no individualista.
- Externa, aunque de iniciativa interna.

Para evaluar hay que comprender, dice taxativamente Stenhouse. No hay que olvidar que lo más importante no es el hecho de realizar la evaluación, ni siquiera el modo de hacerla sino al servicio de quién se pone.

“Si la evaluación educativa es una reflexión sistemática sobre la acción docente/discente y organizativo/funcional tiene que ser la base de las innovaciones que se introduzcan” (Casanova, 1992).

“La evaluación educativa es un proceso que, en parte, nos ayuda a determinar si lo que hacemos en las escuelas contribuye a conseguir fines valiosos o si es antitético con estos fines. Que hay diversas versiones de valor es indudablemente verdad. Este es uno de los factores que hace a la educación más compleja que la medicina… Esto hace de la evaluación educativa una tarea difícil y compleja, sin embargo a fin de cuentas algunos valores han de buscarse, algunos juicios deben ser formulados acerca de lo que se hace o lo que ocurre. No tenemos otro modo de conocer si estamos educando o deseducando” (Eisner, 1985).

PROCESOS EDUCATIVOS CON TIC EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO. MANUEL CEBRÍAN DE LA SERNA Y MARÍA JESÚS GALLEGO ARRUFAT. PIRAMIDES.

CAPÍTULO 18. LA EVALUACIÓN DE LOS APRENDIZAJES CON TIC. JUAN JOSÉ MONEDERO, INMACULADA RUZ MARTÍN. PAG. 209-215

La función tutorial está ligada por tres vertientes: la acción diaria de los tutores, los temas transversales y el plan de acción tutorial. Dentro de esta función está la evaluación, el cual es un instrumento imprescindible para su desarrollo.

Las competencias que debe de adquirir el alumno son:

-       Conocimiento y manejo de diversos programas relacionados con la acción tutorial y con la evaluación educativa apoyada en las Tic.

-       Diseño de pruebas de evaluación para la Educación Primaria usando diferentes software.

-       Diseño de una e Rúbrica para alguna tarea de algún curso de la Educación Primaria.

-       Elaboración de un Blog para tutores de Educación Infantil y Primaria.

¿Cómo utilizar las TIC para mejorar su aplicación?

Los recursos existentes que nos permite elaborar material tutorial son fáciles de manejar como pdf creados desde procesadores de textos, videos con Movie Maker, Presentaciones, Webquest, ejercicios interactivos con Jclic o Hot Potatoes, Blog, Portafolios, etc.

El procedimiento para elaborar cualquier material descrito con anterioridad es el siguiente (Monedero, 2007):

-       Detectar las necesidades de nuestro centro educativo

-       Una vez elaborado el programa, determinar los recursos educativos más idóneos para llevar a cabo dicha actividades.

-       Elaborar un guion de contenidos.

-       Determinar el modo de conseguir el programa adecuado y la financiación para la consecución de recursos necesarios.

-       Realización de material

-       Poner el práctica el material con una determinada muestra.

-       Evaluación de la experiencia educativa realizando las modificaciones oportunas y extendiéndolas a otros contextos, dándoles publicidad a través de la red.

Una vez elaborado todos los materiales, es conveniente que lo recojamos en un blog, que no permitirá ponernos en contacto con los usuarios, informar periódicamente de las novedades, además de permitir comentarios, opiniones y dudas de los alumnos.

Los administradores de contenido que permiten diseñar blogs rápidamente, proporcionando plantillas fáciles de manejar como HTML (Hyder Text Markup Language, lenguaje de marcado de hipertexto). Los más populares son Wordpress y Blogger.

La evaluación a través de las TIC

Los profesores evalúan y emiten juicios acerca de la idoneidad de los trabajos de los alumnos, de la madurez del conocimiento, de la adquisición de determinadas destrezas y competencias, del comportamiento, actitud, valores, etc., resumidos en las sesiones de evaluación y en las simplificadas calificaciones.

Para la evaluación se selecciona lo más importante y significativo, y se emite valoraciones acerca de ellos y de las cualidades de las personas, como objeto de la evaluación.

Las herramientas TIC para la evaluación

-       Automatizar la corrección de las pruebas.

-       Sistematizar la recogida de evidencias.

Para automatizar las pruebas se pueden distinguir dos casos, según el grado de automatización:

-       Computer-Assisted Assessment (CAA), o evaluación asistida por ordenador, en la que el uso de ordenadores está asociado a diferentes actividades del proceso de evaluación.

-       Computer-Based Assessment (CBA), o evaluación basada en el ordenador, que implica la completa automatización del proceso evaluativo: preguntas, tareas, respuestas y calificaciones que presenta el estudiante a través del ordenador.

La evaluación de los alumnos se puede llevar a cabo utilizando las nuevas tecnologías con la triple finalidad: incrementar su eficacia, aminorar el tiempo para corregir y aumentar la fiabilidad.

En cuanto a la sistematización de recogida de evidencias, referida a la evaluación formativa con e-portafolio y e-rúbricas.

E-portafolios: es una manera de tener suficientes evidencias de la evolución de un alumno, su desarrollo, las competencias y destrezas adquiridas, su madurez cognitiva, etc.

Es un potente instrumento de evaluación y metodología de trabajo. Recoge evidencias del alumno conforme las va reproduciendo, permitiéndole reorientar sus acciones para conseguir alcanzar las competencias y objetivos, es decir, la formación formativa. Además de ir seleccionando aquellas que sean más positivas, significativas o pertinentes.

También tenemos un repertorio de trabajos que permite conocer el transcurso de las acciones de un alumno, desde su inicio a las competencias y conocimientos adquiridos al final del curso o programa, es decir la evaluación sumativa.

Resulta una técnica muy apreciada tanto por los constructivistas como por los defensores de la educación basada en competencias.

E-rúbrica: es un instrumento que permite la evaluación formativa de los alumnos. Sus principales características son: abierta, reformable, orientadoras, objetivas e imparciales.

Para el profesor le ofrece una retroalimentación muy eficaz y accesible, facilitándole la elaboración de los informes finales; y para los alumnos presenta información de calidad con la que poder valorar las debilidades y fortalezas de sus aprendizajes y actividades.

Las e-rúbrica son matices de valoración digitales.

TENDENCIAS EN LA EVALUACIÓN DE LAS COMPETENCIAS: USO DE LAS TIC

Monedero Moya, J. J.: Tendencias en la evaluación de las competencias: uso de las TIC. En Martínez de Pérez, N. (coord.): Las competencias docentes en la modalidad presencial y no presencial: la presencia de las TIC y los ambientes de aprendizaje. Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, Argentina. 2011. ISBN 978-950-665-658-4.

Como ya sabemos la educación ha cambiado vertiginosamente en los últimos años. Los gobiernos de muchos países han adoptado políticas educativas encaminadas a incorporar las competencias en sus curricula. Si bien aún se están desarrollando tanto la definición de las competencias consideradas ‘clave’ como los instrumentos para evaluarlas adecuadamente. Paralelamente a su implantación, se ha generado un movimiento de repulsa y rechazo a la educación basada en competencias.

A continuación se expone cuál es el origen de lo que hoy entendemos por competencias, qué son, cuál es su estado de desarrollo actual y que instrumentos hay para evaluarlas. Entre los que se citan tiene especial interés el portafolio y la erúbrica.

La educación hace mucho tiempo que dejó de ser vista por los estados desde una óptica humanista, para convertirse en una educación de masas en la que se ha de dar respuesta a las demandas de formación profesional requeridas por el mundo empresarial.

Los orientadores y seleccionadores profesionales hace tiempo que advirtieron que no era suficiente para conocer el futuro el buen desempeño de un individuo en un determinado puesto de trabajo, con analizar el ‘perfil’ del mismo y seleccionar al más dotado respecto de los estándares académicos y análisis factoriales de la inteligencia. A menudo, se ofrecía la paradoja de personas que con bajos perfiles respecto de esos mismos estándares, obtenían un apreciable éxito empresarial o laboral, y viceversa.

Así, a partir de la segunda mitad de la década de los noventa del siglo anterior, se ve la necesidad de relanzar el concepto de ‘inteligencia emocional’ en el ámbito de la selección profesional como la principal carencia que venia sesgando las evaluaciones diagnósticas.

El punto de inflexión viene marcado por la publicación en 1995 del libro de Daniel Goleman ‘La inteligencia emocional’, al que siguió tres años después otro titulado ‘La inteligencia emocional en la empresa’.

Entendiendo por “inteligencia emocional” el cómo nos relacionamos y entendemos el mundo, nuestras actitudes y sentimientos, el control de nuestros impulsos, la autoconciencia, la automotivación, la confianza, el entusiasmo, la empatía y los recursos necesarios para ofrecer nuestras mejores destrezas profesionales.

Si bien, ya hubo precursores de este concepto desde 1920, pero el primero en proponer un modelo auténticamente factorial de la inteligencia, al que seguirían otros muchos psicólogos, fue Thurstone .

Para él existían cinco tipos diferentes a los que denominó: aptitud espacial, capacidad de comprender significados lingüísticos, fluidez verbal, percepción visual y capacidad de inducción y deducción.

Uno de los modelos con mayor éxito fue el propuesto por Howard Gardner, quien en su obra Frames of Mind, 1983, (Estructura de la Mente) plantea los siguientes tipos de inteligencia:

·         Lingüística.
·         Lógica.
·         Musical.
·         Visual – espacial.
·         kinestésica
·         Interpersonal.
·         Inteligencia intrapersonal.

Todas estas tendencias desde el ámbito de la psicología, junto con el análisis de tareas y las metodologías basadas en algoritmos, han ido cambiando el modelo desde los procesos centrados en la enseñanza a los que se fijan en los aprendizajes, habiendo tenido como fruto el que la Comisión Europea acordara en 2001 la concreción de determinados objetivos estratégicos para los sistemas educativos unido al proyecto DeSeCo -Definición y Selección de Competencias- de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico), que había patrocinado como respuesta a las demandas formativas de las grandes corporaciones industriales. Esta misma tendencia se observa en el resto de países del mundo, orientando sus políticas educativas, modificando sus sistemas educativos y de formación en el que se prescriben otras exigencias, dentro del nuevo marco social impuesto por el fenómeno económico de la globalización.

Los gobiernos deberían hacer un esfuerzo para identificar y conceptualizar correctamente el conjunto de habilidades y competencias requeridas según los estándares educativos que cada estudiante debe ser capaz de alcanzar al final de la educación obligatoria. Pero para ello las autoridades educativas deberían ser consciente de que para tener éxito en este proceso ha de hacerse un doble esfuerzo: fomentar la participación de las instituciones económicas y sociales desde empresas privadas hasta instituciones de educación superior.

Las competencias denominadas como ‘clave’ definidas ahora, se verán modificadas a medio y largo plazo, al igual que ocurrió en su día con los ‘indicadores educativos’, en función de los resultados de rendimiento y excelencia obtenidos. Para ello se utiliza como referente el Programa Internacional de Evaluación de destrezas del alumnado (PISA).

“Estas habilidades y competencias se denominan normalmente habilidades y competencias del siglo XXI con el fin de indicar que están más relacionadas con las necesidades de los modelos emergentes de desarrollo económico y social que con aquellas del siglo pasado al servicio del modo industrial de producción”.

Las críticas a éste modelo no se han hecho esperar. Ya que la La educación desaparece, se deshumaniza y se centra tan sólo en aquellas destrezas, habilidades, capacidades, etc. competencias- exigidas por aquéllas organizaciones empresariales.

Centrándonos en el tema de las competencias, las llamadas  “claves” son:
  • La comunicación en la lengua materna
  • La comunicación en lengua extranjera
  • La competencia matemática y las competencias básicas en ciencia y tecnología
  • La competencia digital
  • Aprender a aprender
  • Las competencias interpersonales y cívicas
  • El espíritu emprendedor
  • La expresión cultural
Estas competencias ‘educativas’ van asociadas a la evaluación, comportando cambios en la profesión docente análogos a los introducidos ya en el resto de las profesiones del mundo laboral. Se introducen nuevos instrumentos, extraídos de los ámbitos artísticos y de determinadas profesiones liberales, como el portafolios y la rúbrica, igualmente ajenos hasta ahora a los sistemas de enseñanza. Se persigue que la evaluación permita la continua reorientación de la acción evaluación formativa, no sólo del profesor sino sobre todo, y principalmente, del alumno al que se pretende implicar significativamente en el control de sus propios aprendizajes.

Finalizando, podemos afirmar que las competencias y habilidades descritas están en un proceso de evolución, dada su actual falta de definición, su inadecuación a los distintos contextos culturales de los diferentes países o a la falta de asunción e implementación en los respectivos sistemas educativos. Lógicamente esta indefinición afecta de lleno a la evaluación. Si no está claramente delimitada la competencia, aún será más difícil su evaluación. Todavía no existen instrumentos específicos generalizados, suficientemente probados y validados para evaluar las distintas competencias.

Los principales instrumentos de evaluación son los siguientes:
  • Observación.
  • Pruebas de situación
  • Simulación
  • Portafolios y eportafolios
  • Rúbrica o matriz de valoración y erúbrica
  • Pruebas orales y entrevistas
  • Pruebas de lápiz y papel
  • Exámenes tipo ensayo
  • Pruebas objetivas
  • Completar una frase
  • Identificación de la respuesta correcta
  • Verdadero / falso
  • De emparejamiento
  • De respuesta múltiple

En este documento, sólo se hace referencia a los cinco primeros instrumentos, y con distintos grado de profundidad, por intentar focalizar la atención hacia la evaluación de las competencias a través de las TIC.

La observación

La técnica principal es la observación. Cuando obedece a una adecuada planificación y sistematización de la recogida de evidencias, se revela como un instrumento insuperable, aunque debido a la atención exigida resulta inútil para llevarla a cabo con un grupo numeroso de alumnos.

Las pruebas de situación

Las llamadas ‘pruebas de situación’, consisten básicamente en ‘poner al estudiante’ en la coyuntura de tener que resolver una situación problemática real para la que se le ha estado preparando. El ejemplo más claro de esto es el examen de conducir.
Las ‘pruebas de situación’ resultan instrumentos idóneos para evaluar las competencias. Si bien tienen tales limitaciones que restringen notablemente su aplicabilidad.

La simulación

Son ‘pruebas de situación’, aunque virtuales. Realmente se pone al individuo ante un artilugio que utilizando tecnologías avanzadas ‘simula’ las condiciones de la realidad problemática en la que el examinando se habrá de desenvolver, sin además correr ningún peligro para su integridad ni para la de nadie.
Hay también otras simulaciones que no precisan del uso de ninguna tecnología, como puede ser el rol play, la dramatización, el casting, etc.

El portafolios

Es una carpeta en la que el alumno introduce sus mejores productos, durante la duración de un curso o de un programa. Durante su desarrollo el profesor puede ir haciendo un seguimiento de la calidad y pertinencia de cada una de sus elaboraciones, reorientando su acción, informándole de los aspectos más destacables y de aquellos otros más débiles que precisan una mayor atención y/o corrección. El alumno, a su vez, sustituye estos materiales por otros mejor elaborados conforme a los criterios citados. Finalmente el profesor valorará si de las producciones presentadas en el portafolios se ha conseguido la adquisición de la competencia deseada. El uso del portafolios en el que el alumno puede introducir materiales por él elaborados de diferente naturaleza, se viene utilizando como una herramienta muy eficaz para evaluar las competencias.

El eportafolios

El eportafolios es igual que el portafolios pero en formato digital o electrónico, lo que permite que el estudiante pueda alojar en el mismo una producción de materiales de naturaleza muy heterogénea: textos, dibujos y gráficos, imágenes, presentaciones, hojas de cálculo y bases de datos, audio, vídeo, etc. Con la ventaja de que todos estos archivos pueden enlazarse a través de hipervínculos.

Las rúbricas

También llamadas matrices de valoración, se trata de una herramienta de evaluación abierta, dinámica y reformulable. Los propios alumnos/as pueden y deben participar en su diseño, lo que hace que pueda cambiarse con relativa facilidad e incluso rediseñarla cuantas veces se considere necesario. Se trata de un instrumento que ofrece una retroalimentación eficaz y accesible centrada en el trabajo de los estudiantes, al profesor, al alumno, al curso o al equipo de profesores. Ofrece una información muy detallada de la calidad y pertinencia de los proyectos: tanto en el proceso como en los resultados obtenidos. Los alumnos pueden valorar fácil y rápidamente las debilidades y fortalezas de sus aprendizajes y actividades. Por último, este instrumento facilita en extremo la elaboración de los informes finales de evaluación.

¿Qué es una rúbrica? Se trata de un cuadro de doble entrada en el que las columnas se dedican a la escala de valoración, las filas a las competencias o partes de la misma (categorías) en la que la hayamos dividido para su evaluación. Las casillas del centro representan los criterios de evaluación. Están ordenadas y jerarquizadas de tal manera que nos trasladan de la ‘deficiencia’ a la ‘excelencia’ o viceversa.

Existen distintos tipos de rúbricas. Así se pueden clasificar en ‘holísticas, globales o comprehensivas’, las que evalúan una competencia concreta o ‘analíticas’ si lo que hacen es valorar distintos aspectos de una misma competencia.

También podemos clasificar los distintos tipos de rúbricas según se orienten sobre competencias, tareas, ejercicios, procesos en la realización de pasos o fases… Igualmente podríamos hacerlo según el número y naturaleza de criterios establecidos, de indicadores, de las evidencias… o, por último, de acuerdo al soporte: papel o interactiva (erúbrica).

La erúbrica

Al igual que afirmábamos antes al referirnos al eportafolios respecto del portafolios, podemos afirmar de la erúbrica respecto de la rúbrica. No sólo cambia por el tipo de soporte, sino que al hacerlo multiplica sus ventajas y posibilidades significativamente.

La erúbrica es mucho más interactiva que su equivalente en papel. Ofrece una mayor autonomía a los estudiantes para visionar su estado de competencias adquiridas durante un curso, o cuáles aún les quedan por lograr en cualquier momento. Un mayor conocimiento y rapidez por parte del docente para detectar competencias difíciles de alcanzar por los grupos o individualmente. Se puede observar en un estudiante, o en su grupo, en qué competencias suele tener más dificultades y cuáles otras las han adquirido más fácilmente.

El docente dispone de mayor capacidad y rapidez para la reedición y cambio de contenidos en la erúbrica. Se incrementa positivamente la inmediatez en el proceso de comunicación y evaluación profesor-estudiante

Para concluir, resaltar la importancia que la erúbrica está adquiriendo como uno de los mejores instrumentos de evaluación formativa de las competencias.


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